Borrachos de violencia en una falsa democracia

Admin
Por Admin octubre 24, 2016 22:58

Las conductas sociales suelen apoyarse en premisas que no son del todo razonables. La violencia, en general, se sustenta en esta clase de premisas. Creemos es necesario, la desmitificación de este tipo de creencias.
 

Borrachos de violencia en una falsa democracia

Borrachos de violencia en una falsa democracia


Uno de los más expandidos, que pretende sustentar la conducta violenta de los hombres,  es el mito de que esta se da por el consumo de alcohol o drogas.
Según dice La Guía para Mujeres Maltratadas, de la Comunidad de Madrid, “El alcoholismo (y las drogas) no es una dependencia que genera por sí misma violencia”. Para que un hombre maltrate e incluso mate  a una mujer, tiene que ser violento. No todos los adictos maltratan a las mujeres, ni todos los violentos consumen alcohol o drogas.
Este mito, del consumo de drogas o alcohol, podría tomarse como una verdad de Perogrullo, pero por el contrario, es una de las argumentaciones más utilizadas, abogados defensores de violentos y aceptada por fiscales y por jueces. Y, aunque resulte difícil asimilarlo, por juezas.
Si un hombre se ‘violentara’ por el consumo de alguna sustancia, deberíamos pensar que en cualquier lugar que se encuentre, violentaría a las personas. A cualquier persona. Sin embargo esto no sucede.
La violencia de género –la que ejercen los hombres sobre las mujeres, niñas, niños y adolescentes- es selectiva e ideológica.
Violencia selectiva
La violencia de los hombres contra las mujeres, niñas, niños y adolescentes, es construcción social, es conducta adquirida. Es unidireccional y está impregnada por la creencia del poder, sobre seres que supone inferiores, de su propiedad. Un violento lo es con quienes puede someter, manipular o humillar.
Se suele, también, confundir violencia con agresividad. La agresividad es innata y tiene aspectos positivos y negativos. Puede ser modificable culturalmente y transformarse en motor de superación (nunca para causar daños a terceras persona)
La violencia daña, enferma y mata. Pero es evitable.
Cuando los derechos y libertades se ven permanentemente vulnerados. Cuando a pesar de la realidad que aplasta, lastima y subleva, no surge un accionar concreto del Estado sobre las condiciones estructurales que sostienen esta vulneración, no estamos ante un gobierno democrático.
Falsa democracia
No podemos hablar de democracia cuando una buena parte de la sociedad – las mujeres, niñas, niños y adolescentes- tiene sus derechos sociales, laborales y personales supeditados a sostener la superioridad de los hombres y las mentiras y mitos que lo sustentan. Esto se reproduce, a su vez,  por toda la sociedad a quien se la sigue “educando” a favor del patriarcado.
Mientras estas desigualdades sean sostenidas, incluso por el Estado, que debería proveer  libertad, seguridad y garantizar el acceso a la justicia, garantizar su defensa; la libertad y vida de las mujeres se ve cercenada y no habría forma de revertir el flagelo de la violencia. Sumado a esto, no podemos vanagloriarnos por la legislación “modelo”, considerada de avanzada, que existe en Argentina, puesto que se invalida, en la práctica, por la interpretación sexista de abogadxs, fiscales y jueces/zas. Poder judicial: el, salvo  contadísimas excepciones, más poderoso y sostenido reducto patriarcal.
Un Estado que ignora a las mujeres y sus derechos, no considera la violencia de género como una violación a los derechos humanos de las mujeres y desconoce, que las políticas públicas que mantienen las condiciones estructurales, acrecientan las desigualdades, no podría considerarse un Estado democrático.
 

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Por Admin octubre 24, 2016 22:58
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