¿Apareció muerta? El femicidio de María Puebla

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Por Admin septiembre 24, 2019 19:39

¿Apareció muerta? El femicidio de María Puebla

María estaba sentada en el tapial de la vereda de su casa, tomando una cerveza, que luego se volvieron dos y tres. Desde el interior, a través de la ventana, algunos amigos y allegados la vieron allí por última vez en la noche del viernes 15 de agosto de 2014. Ella tenía una particular percepción del barrio, puesto que era sordomuda. Quería estar sola, así se lo había hecho saber a su novio, Walter David Baigorria, cuando él la invitó a dormir. Llevaban 7 años de pareja juntos. Su cuñada y su marido estaban dentro, y notaron lo molesto que estaba Walter al conocer el rechazo de ella.

Por Andrés Borrello

Su retraso madurativo no le impedía desenvolverse por sus propios medios. Tenía 3 hijos, y vivía en un precario asentamiento clandestino en lo que se conoce en la ciudad de Santa Rosa el “relleno sanitario”. Básicamente, un basural donde mucha gente busca la oportunidad de vivir de los desperdicios de otra gente. Compartía lugar con su madre, su padrastro y un hermano. Sobrevivía del cirujeo. Había escapado de Toay, una ciudad pegada a la capital de la provincia, luego de un conflicto familiar por la disputa de unos terrenos que terminó en la muerte de un hermano suyo, Alejandro Puebla, en mayo de 2014.

La noche del viernes, que se convirtió en madrugada del sábado, se interrumpió por el estruendo de una moto que despertó la atención de quienes se encontraban en la casa. Cuando miraron hacia afuera, María estaba con Roberto Lescano, examigo de su pareja, también sordomudo. Después de un rato, y tras compartir un Fernandito, ella se sube a la moto y ambos se pierden en la noche. Después de eso, nadie vio ni tuvo noticias de María en todo el fin de semana. Ningún familiar realizó la denuncia, aunque sí iniciaron una “búsqueda informal” por la zona al desconocer su paradero.

Crónica
La llamada de una vecina de la zona al 101 fue crucial para la causa. El lunes 18 de agosto, a primeras horas de la tarde, esa persona (que resultó ser la pareja del hermano del acusado) denunció que había unas ropas extrañamente abandonadas y con manchas de sangre: unas zapatillas, un pantalón y una campera, entre otras pertenencias. Tras la verificación de los agentes policiales en la zona y un rápido rastrillaje, encontraron también un ticket de compra del supermercado ChangoMás, con fecha del viernes último. Después nos enteraríamos que, quien alertó a la vecina de las prendas fue Roberto Lescano.

Enseguida los efectivos policiales se trasladaron al comercio para consultar las cámaras de seguridad del lugar. En las grabaciones, identificaron las prendas encontradas, que correspondían a una mujer, luego reconocida como María Guadalupe Puebla (27 años), quien se encontraba en compañía de su novio, Walter. Una segunda rastrillada el mismo día reveló también un ladrillo ensangrentado y con pelos pegados.

Ya en horas de la mañana del martes 19, se procedió a la demora del novio de la entonces desaparecida. Horas más tarde, y tras posteriores indagaciones, se demoró también a Roberto Lescano, puesto que era el último que había visto con vida a María. La cinta de la cámara de seguridad había confirmado que las prendas pertenecían a ella, y los recientes elementos despertaron la alarma de los efectivos policiales.

¿Apareció muerta? El feminicidio de María Puebla

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Ese mismo martes, al mediodía, se inicia el rastrillaje de la zona, donde participaron alrededor de 90 efectivos. Un perro entrenado de la Seccional Canes fue quien encontró el cadáver, semienterrado y casi desnudo, en la proximidad a la laguna Don Tomás, a 500m de la calle Asunción del Paraguay. Según la investigación de oficio realizada por la Seccional Segunda y la Brigada de Investigaciones de la Policía de La Pampa, puesto que no había una denuncia formal por su desaparición, María Puebla fue ultimada de un fuerte golpe en la cabeza, para luego ser semienterrada, casi desnuda, en las afueras de la ciudad de Santa Rosa. (El Diario de La Pampa, 19/08/2014)

En este momento de la crónica, es frecuente (lamentablemente) leer la expresión “apareció muerta”, pero no comulgaremos con esos lugares comunes, cargados de patriarcado. Puesto que, salvo contadas excepciones, las personas no suelen aparecer muertas.

Según lo descrito por el médico forense Juan Carlos Toulouse en su trabajo durante la autopsia, María mostraba lesiones que tienen que ver con agresiones de tipo sexual, de defensa. Sufrió, a su entender, una muerte lenta y agónica de por lo menos 4 o 5 horas. Tenía un porcentaje de 1,84mg/l de alcohol en sangre, lo que insinuaba un grado mayor de marasmo.

El cuerpo tenía, según las conclusiones del forense, entre 24 y 30 horas de muerto cuando la policía dio con él, además de esas horas previas de agonía. También señaló la posibilidad de que haya sido trasladado del terreno donde fue ultimado, al lugar donde, finalmente, murió. La lesión en la cabeza, que provocó un desprendimiento de piel y una pérdida importante de sangre, se condecía con el ladrillo encontrado cerca de la escena.

Violador
Roberto Lescano, de 38 años en agosto de 2014, y con quien había sido vista por última vez, es sordomudo, igual que Walter Baigorria y María Puebla. Además, es analfabeto en lenguaje de señas, pero según relataron varios testigos durante el juicio, se hacía entender y se desarrollaba en su día a día plenamente. (Sentencia n°29/2016, Legajo n°34031)
Compartió desde muy joven una amistad con Walter, con quien se peleó después de que, en una salida al boliche “La Morocha”, este último intentó besar a la novia de Walter, María, según narró la hermana de él.

Sin un empleo fijo, solía trabajar en los hornos de ladrillo de la zona, por lo que posee una fuerza y cualidad física particular y por encima de la media, producto del esfuerzo físico que significa hacer ese tipo de labores.
De él se supo luego que ya poseía en su haber antecedentes judiciales por violencia de género, además de una acusación de asesinato de una mujer, un femicidio, en el año 2001. La mujer en cuestión, Mirta Susana de Marco, era una persona prostituida que fue asesinada de dos puñaladas.

Según la reconstrucción del caso que hizo el Diario La Arena, el 5 de julio, la Cámara en lo Criminal 2, conformada por los jueces Filinto Rebechi, Abel Depetris y Carlos González, absolvieron a Lescano del crimen aduciendo que actuó en defensa propia, mientras que la fiscal Susana Montenegro había pedido en los alegatos una pena de nueve años de prisión. (Diario La Arena, 21/08/2014)

Las versiones en torno a lo ocurrido son contradictorias. Otra mujer en situación de prostitución fue testigo del suceso, y dijo que la agresión devino luego de un conflicto por el dinero. Por su parte, Lescano declaró (a través de un intérprete), que, luego de pagar tras consumir la prostituta, Susana lo habría extorsionado con un arma blanca para sacarle más dinero. Ante esto, atemorizado, tomó el cuchillo y en el forcejeo le clavó una puñalada a la mujer. Y otra más, esta última de carácter letal. “…me hirió el Mudo, me hirió el Mudo” alcanzó a decirle la víctima a la policía.
Mientras que, apenas se contó con testimonios favorables a la víctima, Lescano tuvo el apoyo de quienes lo conocían, que lo mostraron como una persona tranquila, cordial y trabajadora. Su patrón en los hornos de ladrillos, sus profesores y profesoras en la Escuela de Sordos e Hipoacúsicos, todos aportados por la defensora Vanesa Ranocchia Ongaro.

Mientras que la querella apuntó a la evidencia encontrada en el lugar donde se consumó la relación sexual (el DNI de Lescano, algunas prendas de vestir y una remera ensangrentada que prendió fuego), la defensa sostuvo, entre otras cosas, el derecho a la “legítima defensa”, puesto que, si hubiera tenido intensiones de matar “hubiese seguido a la mujer para pegarle una tercera puñalada” sostuvo Ranocchia, entre otros condicionantes.

Los jueces tomaron este factor como fundamental para absolver a Lescano y otorgarle la libertad después de cuatro meses de prisión. Como argumento, presentaron que no está acreditado que Lescano haya provocado a De Marco y que actuó en defensa de su integridad física. (Diario La Arena, 21/08/2014)

Durante el juicio de 2016, en el cual se valoró positivamente que Lescano no posea “antecedentes penales de condena en su contra”, se dejó traslucir que, en varias ocasiones, de acuerdo a las mujeres que ofrecieron testimonio, el acusado habría acosado a distintas personas con señas y gestos sexuales. (Sentencia n°29/2016, Legajo n°34031). Durante la indagatoria, se negó a hacer declaraciones.

Jueces
Las audiencias de debate se desarrollaron entre el 8 y el 14 de marzo de 2016 en Santa Rosa. El tribunal de la Audiencia de Juicio de la ciudad estaba integrado por Carlos Alberto Besi (presidente), Andrés Aníbal Olié y Daniel Alfredo Saez Zamora, para dictar sentencia al legajo n°34031 caratulado “Lescano, Roberto Fabián s/ abuso sexual con acceso carnal, en concurso real con homicidio doblemente calificado – criminis causae y femicidio”.

Tras varios días de debate, el fiscal Máximo Paulucci, del Ministerio Público Fiscal, solicitó la cadena perpetua para el acusado, ya que calificó su conducta como abuso sexual con acceso carnal en concurso real con homicidio doblemente calificado. La querella particular, José Puebla y su representante legal, adhirieron a lo solicitado por el fiscal. Por su parte, la defensa de Lescano, Pablo de Biasi, solicitó la absolución, puesto que adujo que su defendido es discapacitado y posee una incapacidad para el razonamiento abstracto.

Pareciera que todas las partes coincidían en el hecho de que había existido abuso sexual, aunque las interpretaciones, y por ende las explicaciones, eran distintas. Pero, en donde había profundas discrepancias era en el tema de la muerte. El fiscal Paulucci y la querella particular sostenían que Lescano fue el autor material del asesinato de María Puebla, puesto que fue él, según los testimonios, quien la vio con vida por última vez, además de ser quien, en un intento de posicionarse como testigo, anunció la ubicación de las prendas ensangrentadas de la víctima. Si a esto le sumamos que, en el cuerpo de la víctima se encontraron restos de esperma de Roberto, y en una media de él restos de sangre de la María, no es ilógico pensar en una vinculación directa entre el ultraje sexual y el ataque contra su vida. Sobre todo, si se tiene en cuenta el análisis forense, que al día de hacer la pericia (martes 19) pudo sostener que el cuerpo llevaba entre 24 y 30 horas de muerto, además de las varias horas de agonía previa, lo que aproximaba la fecha estimada de la muerte con la de la violación. Por ello, sostuvo Paulucci, “la necesaria consecuencia es que ambos hechos hubieron de integrar un mismo plan de ejecución, respecto del cual no podría ser adjudicado parcialmente a Lescano”. Es decir, si se acusa y condena a Lescano como autor del abuso sexual, necesariamente ese acto debe estar atado al ataque posterior, que termina con la muerte de María Puebla.

Esta conclusión a la que arriba Paulucci, a partir del análisis de la prueba documental presentada y de los testimonios, resultaría suficiente, a su parecer (y al nuestro, ser especialistas en materia penal) para vincular a Lescano con el asesinato de María. Pero la resolución de la Audiencia de Juicio fue diferente.

La lectura de la sentencia se realizó el día 22 de marzo de 2016. Los jueces se abstuvieron de juzgarlo por el femicidio, otorgándole el beneficio de la duda. La decisión que tomaron los magistrados Carlos Bessi, Daniel Sáez Zamora y Andrés Olié, de la Audiencia de Juicio, favoreció a Roberto Lescano, puesto que, al no poder reconstruirse fehacientemente las últimas 48 horas de la víctima, adujeron carecer de certezas para condenar a Lescano. “Hay un lapso de más de 48 horas en la que no existe ningún tipo de noticia sobre el paradero o actividad de la víctima, no sabemos dónde estuvo, ni con quién compartió este tiempo, ni haciendo qué cosa” sostuvo el Juez Olié en su voto, y que fue compartido por los otros dos funcionarios. De esta manera, el acusado fue beneficiado al no ser condenado por el delito de doble homicidio calificado por criminis causae y femicidio.

Lo condenaron por abuso sexual a la pena de 12 años de prisión.

Según el criterio de los jueces, y las conclusiones a las que llegaron, María Puebla “apareció muerta”, sin más explicaciones.

Asesino
¿Fue Lescano el asesino?
Así lo creyó el fiscal Paulucci, además de la querella particular. Mientras la defensa del acusado se empecinaba en sostener la inocencia de su cliente puesto que carecía de la racionalidad para entender las consecuencias de sus actos, los jueces de la Audiencia de Juicio no se animaron a condenarlo como femicida.

Faltaban pruebas, evidencias, y una construcción fidedigna de las últimas 48 horas de vida de María. Tenían la certeza de que Lescano había abusado sexualmente de ella. Tenían el informe del forense, donde se mostraba que el cuerpo tenía marcas de defensa de abuso sexual. El acusado mismo tenía un rasguño en una pierna, como si fuesen uñas humanas. Incluso había rastros de sangre en la media de Roberto. Casualmente, la misma sangre que había en el ladrillo encontrado a unos 300 metros de donde estaba el cuerpo, semienterrado y semidesnudo. Cerquita de las prendas ensangrentadas que él mismo le anunció a una persona que le resultaban extrañas que estén allí, pero que no reconoció como la ropa de María.

Pareciera ser que Lescano violó a María vestida y se marchó, sin más, en horas de la madrugada del 16 de agosto de 2014, para, días después, el lunes 18, encontrar su ropa, y sin reconocer que era de ella, anunciar el hallazgo (que, repetimos, era un intento de posicionarse como supuesto testigo antes que como agresor).
Tantos parecieran, tantos condicionantes, tantos potenciales, que, creemos, una vez más, lo que faltó, es perspectiva de género.

Actualidad
La expresión “apareció muerta” pareciera que es suficiente para una parte del Poder Judicial. Día a día leemos y escuchamos esta frase, que, aunque algunas veces se reproduce de manera inconsciente, pero otras tantas es utilizada para encubrir la violencia que hay detrás. Las personas no aparecen, de un momento a otro, muertas. Siempre hay responsables.

Hasta el día de hoy, el crimen de María Puebla sigue impune. La “falta de mérito” para acusar a Roberto Lescano no se tradujo en una investigación respecto de buscar a una persona que haya cometido el asesinato.

Recientemente el Superior Tribunal de Justicia de La Pampa ordenó que se realice un nuevo juicio, argumentando que la norma procesal provincial y la legislación y jurisprudencia nacional dieron un viraje total en materia de interpretación sobre cuestiones de género, en parte con la sanción de la ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, pero también a partir de la aplicación del derecho internacional al cual Argentina suscribió en su momento.

En consecuencia, el Tribunal de Impugnación Penal hizo lugar y declaró la invalidez de la sentencia contra Roberto Lescano a la pena de 12 años impuesta por la Audiencia de Juicio en marzo de 2016. Dispuso que se reenvíe la causa al mismo tribunal, compuesto ahora por distintos jueces, y que se realice un nuevo juicio y así dictar una resolución definitiva.

Con este fallo, pronunciado en diciembre de 2018, el Superior Tribunal de Justicia sentó un precedente en torno a favorecer y ampliar derechos a las víctimas de violencia de género. El TIP, a partir de la resolución del STJ, sostuvo que el nuevo juicio debe ser realizado con perspectiva de género, donde “debe advertirse que los delitos investigados representaron actos de violencia que atentaron no solo contra la sexualidad, sino también contra la vida de la víctima, aprovechándose de su condición de mujer, debiendo realizarse un examen tanto del fallo puesto en crisis como de los agravios interpuestos por los acusadores con perspectiva de género, sin dejar de lado la especial vulnerabilidad de la víctima” sostuvieron Fernando Rivarola y Gastón Boulenaz, jueces de la Sala B del Tribunal de Impugnación Penal. (PampaDiario, 12/12/2018)

A María Puebla la asesinaron. No apareció muerta. Esperamos que este nuevo juicio a desarrollarse tenga la perspectiva de género necesaria como para encontrar a las personas responsables de su muerte.

Porque, de eso se trata, cuando pedimos justicia.

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