Inteligencias artificiales machistas y racistas, productos que no tienen en cuentarealidades para cualquier mujer, denuncias contra la ‘testosterona digital‘. El mundo se mueve ya sobre una capa digital creada, sobre todo, por hombres. En el sector tecnológico faltan ellas -sólo una de cada cinco personas que trabajan en las TIC en Europa son féminas- y supone un problema que reconoce hasta el propio Gobierno. Para evitar el sesgo machista que padece la esfera digital, todo un reflejo de nuestra sociedad, sólo hay un camino: atraer a más mujeres.

Partamos de una premisa: la tecnología en sí no es machista. El problema es de dónde aprende la tecnología. “Estamos hablando todo el rato de inteligencia artificial, de ‘machine learning’, de ‘deep learning’, de ‘big data’ y todos estos términos de moda, y el problema es la mayor parte del funcionamiento de toda esta tecnología se extrae de grandes colecciones de datos que generamos los usuarios”, comenta Lorena Fernández, ingeniera informática y directora de Identidad Digital de la Universidad de Deusto, en una conversación telefónica con Público.

“El problema es que estamos en una sociedad sesgada, todos y todas tenemos un montón de estereotipos en la cabeza, y la tecnología lo que hace es acrecentar esos sesgos ya que está procesando grandes cantidades de esa información que generamos”, añade Fernández.

Sin embargo, esta experta no cree que los algoritmos sean neutros, aunque  a menudo esa falta de neutralidad no es intencionada. Ella no cree que existan algoritmos intencionadamente machistas, sino que en muchas ocasiones no se ha tenido en cuenta ese posible sesgo en su elaboración, dado que el mundo tecnológico es, mayoritariamente, un mundo de hombres. “No sólo hay sesgos machistas, sino racistas, religiosos… la interseccionalidad, es decir, cómo te apartan en base a algunos conceptos como el género o la raza, en la tecnología es brutal”, afirma esta experta.

Más mujeres, por favor

Faltan mujeres en tecnología, y en general falta diversidad en los equipos humanos que trabajan en este sector. Para Fernández, la principal consecuencia de ello es que cuando surge un problema no se piensan en soluciones desde todas las perspectivas. “Por ejemplo, hace unos años hubo un proyecto europeo que consistía en un programa de reconocimiento de voz, pero la persona de la Comisión Europea que tenía que validarlo era una mujer y con su voz no funcionaba; había sido desarrollado por un equipo masculino que no había tenido en cuenta esa posibilidad, no se había probado”.

Los sesgos machistas en tecnología no son inmediatamente detectables

Además, los sesgos –machistas, racistas o de cualquier otro tipo- en tecnología son “sutiles”no son inmediatamente detectables. Es decir, la brecha salarial o los problemas para ascender socialmente son aspectos inmediatamente reconocibles (techos de cristal que, a menudo, se podrían llamar de cemento), pero el hecho de que un algoritmo tenga un sesgo machista no lo es tanto.

Por ejemplo, en un experimento de 2015 se mostró cómo un anuncio de un puesto de trabajo muy bien retribuido era mucho más visible para hombres que para mujeres en internet, algo que pone en cuestión la neutralidad de los anuncios segmentados en la red. Que la mayoría de las mujeres no pudieran ver ese anuncio por el simple hecho de ser mujeres ya estaba condicionando un posible ascenso social, un porvenir mejor.

¿Por qué hay tan pocas?

Hay una larga serie de factores por los que faltan mujeres profesionales en los campos científicos y tecnológicos. Por un lado, existe una enorme cantidad de estereotipos en el imaginario social. Existen algunos estudios significativos al respecto, como por ejemplo el programa “dibuja a una persona científica” de la Northwestern University (EEUU). En él se puede comprobar cómo durante las décadas de 1960 y 1970 el 99,4% de los niños dibujaron a un científico masculino;  esa proporción cayó a un promedio de 72% en los dibujos realizados entre 1985 y 2016.

El problema también tiene que ver con la educación formal e informal de las niñas. Por un lado, Fernández, -que es además mentora de InspiraSTEAM, un proyecto que busca el fomento de la vocación científico tecnológica entre las niñas- identifica un problema de confianza en ellas, en parte por “los mensajes que reciben de su entorno son del tipo ‘no seas mandona’ frente a las ‘dotes de liberazgo’ de un niño, o bien ‘qué guapa eres’ frente a ‘qué listo eres’, o ‘eres muy trabajadora’ frente a ‘eres brillante’”.

Imagen de Wiki Women Editors Project. | Chenspec (CC)

Imagen de Wiki Women Editors Project. | Chenspec (CC)

Por otro lado, existe un contexto social, como muestra un reciente estudio publicado en Science que analiza datos PISA y constata cómo en los países con mayor desigualdad social hay menos niñas que niños con alto nivel en matemáticas.

Además, las mujeres tienen que esquivar un importante factor familiar. “A veces es el entorno más cercano quien se preocupa por que quizá terminen en un campo hostil, por el mero hecho de ser la única en clase o en el puesto de trabajo”, comenta Fernández. Esta ingeniera informática confiesa que ella misma empezó trabajando, como administradora de sistemas, en una empresa en la que el armario de los servidores estaba en el baño masculino porque a nadie se le había ocurrido antes que esto fuera a ser un problema.

Una carrera de obstáculos

La lista de impedimentos que tienen que sortear las féminas para desarrollar su carrera científico tecnológica sigue y es casi interminable: desde los juguetes y su función como asignadores de roles –es interesante la labor de GoldieBlox, una compañía de juguetes y contenidos orientados a futuras ingenieras- hasta ya de adultas con asuntos como la conciliación laboral y familiar, los ya mencionados ‘techos de cristal’, los sesgos a la hora de reclutar candidatos o candidatas a un puesto laboral o de responsabilidad, o simplemente la falta de referentes para las niñas: “No puedes imaginar ser lo que no ves”, comenta Fernández.

Por esa razón, ella misma ha reunido un directorio de mujeres tecnólogas que han hecho historia, una interesante lista que sigue creciendo, y que sirve como referencia y como merecido homenaje.

“Aunque no tenga una ideología premeditada detrás, la tecnología tiene derivadas sociales y produce cambios; si la tecnología es construida desde perspectivas más diversas, creo que va a ser más rica”, apunta Fernández, y sostiene que “aunque no se trata sólo de una cuestión de género, es básico que no desperdiciemos la creatividad del 50% de la sociedad que se está quedando fuera del diseño y de cómo pensamos la tecnología”.

Un caso concreto: la ciberseguridad

¿Por qué no hay más mujeres trabajando en ciberseguridad, por ejemplo, cuando las féminas son las principales víctimas de fraudes y robos de identidad en la red? Esto se lo ha preguntado recientemente la socióloga e investigadora estadounidense Winifred Poster en un editorial en Nature.

Sólo el 11% de todas las personas dedicadas a la ciberseguridad son mujeres

En su texto, Poster pone de manifiesto el hecho de que en todo el mundo sólo el 11% de las personas dedicadas profesionalmente a la ciberseguridad son mujeres (PDF), y reivindica un mayor reconocimiento de la aportación histórica de las mujeres a la ciberseguridad, sin paternalismos y admitiendo que, en este campo, ellas suelen estar más preparadas que ellos en campos más diversos.

“Tenemos que pelar en todos los sectores para abordar estos problemas desde un mayor número de puntos de vista”, comenta Fernández, que añade: “La ciberseguridad, junto con la robótica y la inteligencia artificial, es una de esas ramas que van a ser claves a nivel mundial, se van a tener que realizar grandes inversiones en personas que desarrollen esa tecnología, y si de nuevo caemos en el error de hacer estos desarrollos desde una sola perspectiva habrá problemas que no se aborden”.